domingo, 19 de octubre de 2014

domingo, 5 de octubre de 2014

Puntos de referencia, 14 de febrero de 2014

© R.Domínguez - Puntos de referencia

Hacer fotografías es en cierto modo como dibujar un mapa.

 Uno comienza una búsqueda de forma imprecisa, siguiendo una intuición, y va creando puntos de referencia con cada fotografía. Ese mapa que vamos construyendo no existe antes de iniciar el viaje, nace de nuestros propios pasos. Cuando ya tenemos todos los puntos hay que volver y ponerse a editar. Es como ese juego en que hay que unir los puntos para formar una figura. 

En nuestro caso, los puntos son las fotografías y la edición es la línea que los une. La figura que formemos va a ser nuestro mapa, el lugar al que queríamos llegar. Muchos de esos puntos/fotos habrá que desecharlos, sirvieron para buscar, pero no ayudan para crear la figura. Mapa efímero, circunstancial, de un solo uso. Hay que construir uno nuevo para cada viaje, incluso si volvemos al mismo lugar. Así se va haciendo nuestro Atlas particular.

Matias Costa

domingo, 28 de septiembre de 2014

Las hojas muertas, 27 de septiembre de 2014

© R.Domínguez - Las flores muertas

Cuánto me gustaría que recordaras 
los días felices en que éramos amigos. 
En aquel tiempo, 
la vida era más hermosa y el sol más ardiente que hoy. 
Las hojas muertas se pegan a la piel. 
Ya ves, no lo he olvidado. 
Las hojas muertas se pegan a la piel, 
y los recuerdos, y también las penas, 
y el viento del norte se los lleva a la noche fría del olvido. 

Ya ves, no he olvidado la canción que tú me cantabas. 
Es una canción sobre nosotros: yo te amaba y tú me amabas. 
Lo vivíamos todo los dos juntos: tú, que me amabas; yo, que te amaba. 
Pero la vida separa a los que se aman muy suavemente, 
sin hacer ruido, 
y el mar borra sobre la arena el paso de los amantes desunidos.

Jacques Prévert


domingo, 7 de septiembre de 2014

El loco, 22 de agosto de 2014

© R.Domínguez - El loco

Me preguntáis como me volví loco. 
Así sucedió:
Un día, mucho antes de que nacieran los dioses, 
desperté de un profundo sueño 
y descubrí que me habían robado todas mis máscaras. 
Sí; las siete máscaras que yo mismo me había confeccionado,
y que llevé en siete vidas distintas.
Corrí sin máscara por las calles atestadas de gente, 
gritando: -¡Ladrones! ¡Ladrones! ¡Malditos ladrones! 
Hombres y mujeres se reían de mí, y al verme, varias personas, llenas de espanto, corrieron a refugiarse en sus casas.
Y cuando llegué a la plaza del mercado, un joven, de pie en la azotea de su casa, 
señalándome gritó: - ¡Miren! ¡Es un loco! 
Alcé la cabeza para ver quién gritaba, y por vez primera el sol besó mi desnudo rostro, 
y mi alma se inflamó de amor al sol, y ya no quise tener máscaras. 
Y como si fuera presa de un trance, grité: -¡Benditos! ¡Benditos sean los ladrones que me robaron mis máscaras!
Así fue que me convertí en un loco.
Y en mi locura he hallado libertad y seguridad; la libertad de la soledad y la seguridad de no ser comprendido, pues quienes nos comprenden esclavizan una parte de nuestro ser. 
Pero no dejéis que me enorgullezca demasiado de mi seguridad; ni siquiera 
el ladrón encarcelado está a salvo de otro ladrón.

Khalil Gibran